Santos termina con la maldición; se alza con el campeonato

Santos termina con la maldición; se alza con el campeonato

Se derrumba el imperio de imbatibilidad del Rey Midas al grito de“¡Santos Campeón!”. Éxtasis profundo en las gradas, pues se acaban las maleficios en La Comarca. Oribe Peralta corre frenético yBenjamín Galindo esboza la sonrisa más amplia de su carrera como entrenador.

El Santos Laguna derrota 2-1 (3-2 global) al Monterreydel hasta anoche invicto Víctor Manuel Vucetich y se funde en un abrazo, mientras el cetro del Clausura 2012es elevado al cielo por sus manos victoriosas.

Todo es festejo, todo es risa y alegría, es la noche perfecta, la de la cuarta estrella de un Guerrero que murió muchas veces para volver a alcanzar la gloria. Y para conseguirlo despedazó el mito de Vucetich y su marca perfecta en 12 finales, ahora en el olvido. “Siempre hay una primera vez”, dijo Galindo.

Adiós sufrimiento. Hasta nunca a la etiqueta de nuevo“subcampeonísimo”. Nadie se acuerda de la maldición del superlíder. El artífice: Oribe Peralta, el hijo de una región lastimada por el dolor que han generado las balas y el crimen. El delantero quería, estaba desesperado por un título para su equipo, porque le duele ver a su ciudad natal herida.

No le cabía otro pensamiento, que era el mismo de Torreón, y cumplió con el gol de la sentencia ante unosRayados que nunca se comportaron como la costumbre había hecho creer que serían. Aldo de Nigris los había revivido con un gol, a 12 minutos del final, pero fue insuficiente.

Era él, no había más. El Cepillo tenía que hacer un tanto, provocar la felicidad máxima en el Territorio Santos Modelo, antes de salir lastimado y dejar su lugar en un cambio por Juan Pablo Rodríguez. Porque su gente ya se había cansado de perder siempre las series por el campeonato y quedar en segundo lugar. Así habían sido las últimas cuatro ocasiones.

Por eso salió despavorido de la banca, cuando Roberto García Orozco pitó el final, junto al resto de sus compañeros.

La gesta inició temprano. Pegar primero, para malherir al rival. Santos soñaba con ese escenario, era necesario para enardecer aún más a su afición… y lo logró. Carlos Darwin roba, se va, jala la marca de tres hombres, descompone el sistema de Vucetich. Galindo comienza a sonreír. Quintero ve que no puede solo, pero Daniel Ludueña sí, y le sirve.

Lo demás, lo corea el estadio Corona: gol, golazo (6’); el título se siente más cerca de Torreón que de la Macroplaza, gracias a que El Hachita baila a Hiram Mier, espera a la salida de Jonathan Orozco y toca el balón por abajo para el 1-0.

La ola en el Corona aparece, le da tres o cuatro vueltas al coso y los “apluadidores” son más estruendosos que nunca. La Comarca es feliz, festeja, se olvida de su realidad diaria, la de balaceras y zozobra.

Monterrey acusa recibo del golpe. De pronto extraña a César Delgado, a quien Vuce prefiere guardar —con su velocidad y regate— para después. También siente nostalgia por la ausencia de creación que logra Neri Cardozo, quien acompaña al Chelito en la banca. Aun así, Rayados se hace del balón, Santos está más cómodo y apuesta al contragolpe.

Por poco le sale esa estrategia al Maestro. Ludueña le devuelve la cortesía a Darwin. Lo deja solo, pero Orozcohace una atajada épica.

Aparece la desesperación regia. Rayados tiene amonestados a Humberto Suazo por reclamar y a Aldo de Nigrispor una fuerte entrada. No generan llegadas, sólo siente frustración. En ese momento, partido inmaculado de la defensa santista. Se acaba el primer tiempo, hay celebración momentánea.

Vucetich por fin se atreve a jugar con Delgado y Cardozo. Los mete para ir por el gol que le falta. Agobia, intimida al Santos como en toda la serie no lo había hecho. Corre riesgos y los asume; Darwin está cerca de sentenciar la serie, pero su globo se va a apenas fuera.

El partido se inclina para los regiomontanos, pero Santos termina por ser paciente, demasiado, y así mata alMonterrey. Una pared entre Oribe Peralta y Daniel Ludueña termina con un remate letal para el mexicano (64’). El Cepillo hizo su sexto gol de la Liguilla, quizá el más importante de su carrera y el que lo puede catapultar a los Juegos de Londres.

Oribe metió su disparo, el Corona se levantó para festejar al hijo pródigo, al que fulminó la imbatibilidad del Rey Midas y puso a Torreón a gozar de felicidad. Fue un gol que le dio el cuarto título de Primera División a Santos, la primera corona a Benjamín Galindo y el que destruyó todas las maldiciones existentes al grito de “¡Santos campeón!”.

FUENTE: http://www.eluniversal.com.mx/notas/848477.html

Publicidad